El origen de los baños de sol

Baño de solHoy en día vemos tan natural el ir a la playa y tomar el sol, que pocas veces nos preguntamos de dónde viene esa costumbre, porque es conocido que el fenómeno del ocio en las playas, de la manera que ahora lo conocemos, no ha existido siempre.

Los beneficios del sol son conocidos desde la antigüedad. Los médicos griegos ya habían comprobado que la exposición al sol de sus pacientes aliviaba algunos de sus males. Los romanos también conocían sus ventajas e incluso recetaban tratamientos de baños con arena calentada por el sol para aliviar el reumatismo, la artritis, las neuralgias e incluso la obesidad. Avicena, un médico árabe del siglo X ya dejó escritas las ventajas de llevar una vida expuesta a la luz solar.

El salto al disfrute de las playas para gozar de los beneficios solares comenzó en el siglo XVIII, cuando los médicos franceses comprobaron los efectos positivos que los baños de sol producían en los enfermos con infecciones de piel. A partir de entonces muchos galenos se dedicaron a potenciar estancias en balnearios en los que se anunciaban los beneficios maravillosos de la luz solar.

Con el tiempo se fueron implantando servicios para prestar más comodidades a las personas que, cada vez en mayor medida, acudían a los arenales. Junto a ellos surgieron establecimientos de hostelería y comercios de todo tipo y las playas comenzaron a contar con mobiliario como hamacas, sillas, sombrillas e incluso aseos y vestuarios. Toda una floreciente industria a su alrededor.

Consecuencia de este hábito fue también que el mundo de la moda advirtió la importancia de la ropa para la playa. Por un lado se mantenía la destinada al baño de mar: “los más prácticos: un traje de jersey compuesto de pantalón y pullover escotado, hecho de un género de tono compuesto, liso o rayado”. Este conjunto se completaba “con un saco esponjoso”. Y también se comienzan a diseñar los “trajes de playa” para tomar sol: “Tafetanes, jersey de seda y cretona pueden emplearse para conjuntos elegantes”. Junto con este boom del sol, el veraneante podía aplicar algunas variantes más: los baños de aire (“poniendo el cuerpo desnudo al aire de mar”); de bañadera (juntando agua de mar, entibiándola y llenando la bañera); de mar (“una inmersión rápida, para que la impresión del frío sea menos desagradable”) y, por último, el estimulante baño de arena, “sumergiéndose el cuerpo en la arena caliente de la playa, cubriéndose la cabeza, sistema que protege del sol, a la vez de ser un método de cura muy poderoso”.

Y estos fueron los inicios de los baños de sol que este año tanto estamos deseando después de una primavera tan irregular y poco amable meteorológicamente.