El cambio de hora oficial y nuestros horarios de comidas

Cambio de horaEn los últimos días ha saltado la noticia de que el Congreso se está planteando pedir al gobierno un estudio socioeconómico para conocer la incidencia económica que tendría el cambio de la hora oficial en España. Y no se trata del tradicional cambio de hora de invierno o verano, sino de un cambio permanente que nos situaría con la misma hora que Portugal, Canarias o Reino Unido.

Si nos fijamos en el mapa de Europa, reamente, al menos gran parte del territorio, “cae” más en esa zona horario de Greenwich que en la que estamos en la actualidad. Y realmente siempre hemos estado en ese huso horario y no fue hasta 1942 que cambiamos al actual. Y curiosamente se debió a una decisión política de Franco que quiso adecuar el horario español a la Alemania de Hitler.

Así que realmente cuando hablamos de las diferentes horas de las comidas en España, no es totalmente cierto. Se dice que comemos y cenamos mucho más tarde que en otros países de nuestro entorno. Si por ejemplo en Portugal es habitual comer en torno a las 12-13 horas, nosotros lo hacemos a partir de las 14 horas, pero si nos acoplásemos a su horario oficial –como se está estudiando hacer– estaríamos comiendo a la misma hora que ellos. El problema, seguramente, vendrá de que aunque cambiemos la hora oficial, seguramente seguiríamos comiendo cuando los relojes marquen más de las dos. Son costumbres difíciles de cambiar.

También tenemos fama de ser los europeos que más tarde cenan. Esta tradición parece venir también de la posguerra. En aquellos tiempos, sobrevivir con un solo sueldo no era fácil y se recurría al pluriempleo. Así un trabajador acababa su ocupación por la mañana y por la tarde comenzaba con otra actividad, con lo cual no llegaba hasta tarde a su casa. Ésta del pluriempleo parece ser también la causa de los horarios actuales de las administraciones y banca, que dejaban las tardes libres para que sus empleados pudieran completar sus ingresos con otros empleos.

En cualquier caso está claro que si comenzamos a comer a las 13 horas y a cenar a las 19, seguro que muchos turistas extranjeros que nos visitan verían defraudadas sus expectativas, porque es unos de los rasgos que más nos caracterizan, para bien o para mal. ¿No os parece?