Viajar en avión en los años 70

Viajar en avión en los años 70Tomar hoy un avión es algo ya muy habitual para la mayoría de las personas. No es ya un medio de transporte de élite y gracias a ello el turismo ha dado un vuelco impresionante. No sería factible el desarrollo turístico mundial si no llega a ser por la universalización de los viajes aéreos. Ya resulta cada vez más difícil encontrarse con una persona que no haya viajado alguna vez en avión. Pero también es cierto que como contrapartida, los vuelos han perdido ese halo de misterio que tenía.

Clase turista B747

Proyecto inicial de la configuración de la clase turista en el Jumbo

No nos vamos a remontar a épocas lejanas, pero sí a los años 70, una década no tan lejana. Fue el escenario del nacimiento del enorme Boeing 747, un avión de dos pisos y fuselaje ancho. Eso que vemos ahora tan normal, el fuselaje ancho, era toda una novedad en aquellos tiempos. Y nada que ver con las apretadas filas de la clase turista actual. En los años 70, los aviones disponían de más espacio para el pasaje. El diseño previsto para la clase económica por aquel entonces era algo impensable para los tiempos actuales, como vemos en la foto. Finalmente no fue ése el diseño que se llevo a cabo, sino otro que aún así sigue diferenciándose mucho de la configuración actual. La ausencia de maleteros en la parte central dotaba a la cabina de un aspecto más amplio y los espacios entre asientos eran mucho mayores que los actuales. Si a esto se sumaba que en vuelos de largo alcance era fácil que no fueran llenos como ocurre ahora, la probabilidad de poder disponer para uno solo de una fila de asientos era algo más corriente que ahora.

También en aquellos años, y hasta no hace tanto, a la hora de reservar el asiento había que elegir entre fumadores y no fumadores. No era raro, en los vuelos transoceánicos, ver a varias personas de pie en la parte posterior de la cabina fumando, por ser esa la área destinada a los fumadores. Algo que desesperaba a las azafatas que continuamente pedían que permanecieran en sus asientos.

Lo mismo había que decir de los aeropuertos. Era frecuente que todos tuvieran una terraza desde la que contemplar las salidas y llegadas. Hoy lo habitual es verlo a través de una cristalera. Tampoco existían los fingers y el acceso a las aeronaves se hacía a pie en los aeropuertos pequeños. Y los trámites para embarcar no eran tan farragosos, ya que no había que pasar por detectores de metal, no había que descalzarse y no había limitaciones tan estrictas del equipaje de mano.

Por supuesto, la comida a bordo era gratuita. Un pasajero contaba que la primera vez que montó en avión, en la década de los 70, en un vuelo Madrid – Londres, al acabar la comida que le sirvieron, le pidió la cuenta a la azafata. Entonces ella quedó alucinada, y sin embargo hoy es lo habitual.

Muchas cosas cambiaron y muchas de ellas son el peaje que hemos tenido que pagar para que el acceso a este maravilloso medio de transporte se universalice. Pero no cabe duda de que a veces se extrañan algunas de aquellas costumbres. Y tú, ¿las has vivido en primera persona?