Cinco comidas al día

Hieronymus BoschSeguramente habréis leído en más de una ocasión que los dietistas recomiendan realizar unas cinco comidas al día. La razón de esto es, según nos explican, que de esta manera nuestro metabolismo no retiene tan fácilmente las grasas, ya que cuando pasamos muchas horas sin comer, nuestro sistema digestivo pone en marcha un mecanismo de autoprotección que consiste en retener grasas para intentar asegurarse el alimento ante una previsible fase de carestía. El comer más a menudo desactiva este sistema.

Otra de las ventajas es que la sensación de hambre disminuye, con lo cual no nos apetecerá tanto una ingesta grande de alimentos y evita la ansiedad que hace que comamos más deprisa. Por si esto no fuera suficiente, el hecho de comer en dosis menores con más frecuencia hace que nuestras digestiones resulten más suaves con el consiguiente beneficio para todo el organismo e incluso para nuestro estado de ánimo.

Nuestro sistema habitual de tres comidas principales -desayuno, comida, cena- viene en gran parte determinado por nuestro ritmo de vida laboral. Pero nuestros antepasados ya sabían, de forma científica o no, que hacer más comidas ligeras a lo largo del día era mucho más beneficioso. Y así era en la Galicia agrícola de hace años, al igual que en otras comunidades de España. Básicamente, de una forma u otra, todas tenían la costumbre de cinco momentos diarios para ingerir alimentos.

En el caso de Galicia el primer alimento del día era el almorzo. Aunque en castellano almuerzo se refiere a la comida del mediodía, en gallego es el equivalente al desayuno. Originariamente era la comida que se tomaba antes de la principal, pero con el tiempo adquirió el significado que ahora tiene.

La siguiente ingesta era lo que se llamaba la parva. Es el sinónimo de “pequeño almuerzo” entre la gente trabajadora, ya que muchas veces consistía en una copa de aguardiente con un trozo de pan, a veces acompañado de chorizo o jamón, que se solía comer en la pausa de trabajos especialmente duros como la malla. En Portugal lo acompañaban con tiras secas de bacalao o cebolla rellena de sal.

El equivalente gallego a la “comida”, que en castellano se refiere a la principal del mediodía, es el xantar. Una comida generalmente más fuerte que el almuerzo y la parva.

Entre ésta y la cena se solía hacer, y se sigue haciendo, la merienda, siempre una comida ligera.

Y finalmente la cena, el sustento que se toma de noche. Curiosamente, la cena era la única comida “seria” en la antigua Roma. Así que en eso algo hemos ganado (o perdido).

Dependiendo de las zonas, puede haber costumbre de otras tomas de alimentos a lo largo del día, como es el caso de la sobrancea, un alimento muy ligero que se toma antes de ir a dormir y después de la cena, claro.

En definitiva, que es conveniente hacer caso a la sabiduría popular y a los consejos de los dietistas, y hacer varias comidas ligeras al día mejor que dos o tres fuertes. Y por supuesto, sin descuidar el contenido de ellas, que debe ser equilibrado en todos sus nutrientes y adaptado a nuestra actividad, edad y condición física.